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CCARI

Tiempos de República, Libertad e Igualdad. Es Ahora.

03/06/2019

1. LAS BASES DE NUESTRO PASADO

Desde nuestros orígenes como partido político defendimos un proyecto y una idea: que Argentina sea una República de iguales. Su génesis la podemos rastrear hace 209 años, cuando en mayo de 1810, se exigió transparencia al grito de “el pueblo quiere saber de qué se trata”.
Fue el mismo proyecto que inspiró la lucha contra la monarquía y que nos llevó a jurar nunca más ser súbditos de un rey. Fue el proyecto basado en las ideas iluministas que en el ´37 se impregnaron en una generación de jóvenes intelectuales. Proyecto que se plasmó en nuestra Constitución del 53-60, que Sarmiento concretó con las escuelas públicas y que los inmigrantes adoptaron como sueño de progreso.

Ese proyecto resistió en la intransigencia radical, floreció con el sufragio universal, la reforma universitaria, el voto femenino y los derechos sociales. Fue el mismo proyecto que en 1983, luego de una oscura noche, volvió para reconstruir la democracia. Hoy nos toca renovar el compromiso con ese proyecto. Sí, a nosotros, un partido nuevo y creativo, fundante de una nueva etapa de la vida política de nuestro país. Un partido que surge como propuesta a la crisis de comienzos de siglo, con la intención de dar respuestas estructurales a los problemas de la vieja política, sumida en la falta de representatividad de sus estructuras partidarias. Un partido conformado por mujeres, jóvenes y ciudadanos de los más diversos orígenes. Un partido que tiempo atrás, allá en La Emilia, se reunía “por el presente y por el futuro de la República, procedentes de distintas provincias,  pertenecientes a distintas identidades y tradiciones partidarias (…) para comprometer nuestro esfuerzo en la construcción de una nueva matriz política social y cultural para la Argentina, que permita a nuestra sociedad recuperar las expectativas de una vida fundada sobre la justicia, la igualdad y la solidaridad” [1].

Éste partido, que como lo dice nuestra Constitución Nacional es una institución fundamental de la democracia, es y ha sido también una escuela democrática para muchos de nosotros. Y por consiguiente, una escuela de diversidad, porque la democracia es la convivencia en la diversidad. Frente al pensamiento único, a los populismos, nacionalismos y autoritarismos que amenazan la pluralidad de ideas del mundo, que quieren radicalizar la democracia hasta destruirla, nosotros oponemos una visión que priorice el consenso y la alteridad. Como dijo Elisa Carrió: nunca vamos a ser fascistas, ni de derecha, ni de izquierda. Siempre vamos a defender abiertamente lo mejor de nuestra cultura que es libertad de pensamiento, un nuevo laicismo, defensa de los derechos humanos, lucha por la verdad, democratización del mercado y respeto al conocimiento científico.

Éste partido es profundamente humanista, lo que significa que no se ordena en base a ideologías, religiones o dogmas sino que pone en el centro a la persona y su dignidad. Éste partido dio aportes inmensos a la Argentina: las luchas y conquistas llevadas adelante en materia de derechos humanos, de reconocimiento de la dignidad del niño, de emancipación de la mujer y políticas de género, de reconocimiento por la diversidad, de saneamiento de estructuras corruptas, de mejora institucional, de cuidado y protección de nuestro ambiente de construcción y consolidación de un proyecto político como Cambiemos, entre otros.

Éste partido lucha por una Argentina que reciba a los libres del mundo que escapan de las tiranías. Un país que no sea neutral frente a los dictadores. Los militantes de la CCARI somos militantes de la libertad, creatividad y diversidad del género humano, sin importar fronteras.Queremos una Latinoamérica libre, democrática y republicana. Por eso hoy también abrazamos a la heroica resistencia venezolana. Tenemos que vernos reflejados en esos hermanos que luchan por la libertad, como hace tiempo lo hicieron juntos Bolívar y San Martín. El filósofo Walter Benjamin sostenía en las tesis enviadas en 1940 a Hannah Arendt, que el conocimiento de la historia no sólo es una forma de hacer historia, sino la forma de hacer la Historia. Conocer el pasado es la única forma de desencadenar, actualizando, la energía y fuerza liberadora contenida en ese mismo pasado. Debemos pasarle a la historia el cepillo a contrapelo, y encontrarnos con la historia de los vencidos, de sus sufrimientos y de sus resistencias. Debemos retomar la historia de la Argentina, para identificar cual es esa Argentina que no pudo ser, que no dejaron ser, pero que estamos convencidos que puede ser y será. En esa historia está Leandro N. Alem, que en 1890 en el marco de la Revolución del Parque lo decía claramente: “Nuestra misión no es una misión electoral transitoria, hemos lanzado un desafío a todo un sistema, a toda una época”. Esa es la perspectiva histórica que necesitamos recobrar, no estamos acá con un fin electoral ni especulando, estamos para tomar las decisiones de fondo que nuestro país necesita.

Es ahora, en nuestro presente, en dónde retomamos ese desafío a todo un sistema y a toda una época. No es una utopía, no es un sueño, es la convicción con la que día a día estamos haciendo lo que hay que hacer, cada uno de nosotros, cada uno de los dirigentes y militantes de Cambiemos. Cada uno de los partidos que le dimos forma a este espacio político transformador. Asumimos los errores y damos cuenta de la difícil situación y angustia que hoy viven muchos argentinos, pero sabemos que la salida es mirando al futuro y analizando el pasado.

2. LA PACIENCIA HISTÓRICA DE NUESTRO PRESENTE TIEMPOS DE REPÚBLICA, LIBERTAD E IGUALDAD. ES AHORA.

Después de la terrible crisis del 2001 la Argentina sufrió un régimen político que se aprovechó de su debilidad y ejecutó el latrocinio más grande de la historia de nuestro país, enriqueciendo a políticos, jueces y empresarios, estableciendo un modelo político y económico que empobreció nuestras instituciones y nuestra posibilidad de desarrollo.

Ese modelo de apropiación de lo público y concentración de poder sólo pudo llevarse adelante con autoritarismo, fractura cultural y relaciones de intereses corporativos, que tuvieron como consecuencia un profundo daño institucional y fueron un fracaso en términos de desarrollo económico. La precariedad de nuestro sistema logístico y energético, la falta de infraestructura social, los niveles de pobreza estructural extendida, lo débil y comprometido de nuestras cuentas públicas son una muestra cabal del fracaso de un modelo que se arraigó en la Argentina durante 12 años.
Hoy nos toca enfrentar la cartelización económica propia de países sin competencia, la alta presión tributaria, la falta de infraestructura, la inestabilidad macroeconómica y la falta de justicia. El progreso que propusimos a la sociedad no es lineal, no es una escalera mecánica. Tiene avances y retrocesos como todo progreso real visto en perspectiva histórica. El progreso que estamos llevando a cabo es profundo y pone el interés común por encima del corporativismo. Con éste progreso ya no vamos a ver con normalidad la corrupción empresaria, la extorsión sindical, la omertá política y la opacidad de la justicia. Construimos y somos Cambiemos desde la coherencia ética con la que Elisa Carrió y la Coalición Cívica ARI protagonizaron la política argentina durante los últimos 25 años. Y lo hemos hecho con la amplitud, pluralidad y responsabilidad necesarias para cada momento histórico. No debemos confundir amplitud con ausencia de fronteras, nuestra amplitud tiene un límite que son las convicciones y los principios humanistas de no mentir, no robar y no usar a los pobres.

La única estrategia posible y fructífera para Cambiemos es no perder de vista que no se puede convocar al cambio si no cambiamos profundamente nosotros, todos los argentinos; si no vivimos en base a los principios humanistas y republicanos que sostenemos, si no tenemos coherencia entre la palabra y la acción. “Sólo así será posible la recuperación de la política, no como un mero ejercicio de la astucia, sino como un instrumento de transformación” [2].

Cambiemos debe ser ejemplo de la nueva cultura y matriz política de la Argentina. Cambiemos no puede morir antes de nacer replicando las prácticas del pasado y de las culturas políticas del individualismo, la especulación y los “pactos” tradicionales. Sostenemos una política clásica y humanista contra una política posmoderna, superflua, mentirosa, falaz y exitista. Nosotros no abandonamos a los derrotados, nacimos en la adversidad y sabemos que la lucha por la República es más importante que el resultado. Queremos destacar el relato hebreo que siempre nos recuerda Elisa Carrió: la salida de Egipto. Quizás no haya otra metáfora más clara para entender nuestro momento actual. La historia de un pueblo que lucha por su libertad y una vez que la consigue, reconoce en el desierto la dificultad de mantenerla. Al principio, la libertad es como caminar en el desierto: árida, monótona, llena de obstáculos y espejismos. La libertad es difícil porque nos obliga a responder por nuestras acciones. Justamente de esa palabra “responder” se deriva responsabilidad.

Mientras que la esclavitud puede ser un lugar de comodidad porque no nos obliga a responder nada. En la esclavitud ya nos dieron todas las respuestas prefabricadas. Cuando no tenemos la carga de ser responsables, tampoco somos libres. La dispensa de nuestra responsabilidad implica un alto precio: perdemos la libertad que nos hace seres humanos.

En la desesperación del desierto el pueblo judío quiso hacer una figura idolátrica para que sea su nuevo dios: el becerro de oro. Intentaban suplantar la figura del faraón en un ídolo ligado a la magia, el fetichismo y alejada de cualquier conducta. De aquel relato aprendimos que todo  empoderamiento que no esté ligado a la conducta, a los principios y valores es, esencialmente, idolátrico. Los argentinos inventamos cíclicamente nuevos ídolos. ¿Por qué hacemos eso? Porque dejamos de creer, caemos en la desesperación de la impaciencia. Marcar un norte no tiene que interpretarse como una ficción, sino como la pedagogía necesaria que permita a un pueblo caminar como tal, con la seguridad de que aún en la dificultad el rumbo es el correcto.

Por eso, hoy más que nunca, tenemos que volver a las raíces de nuestra fe en los valores republicanos. Tenemos que sostener una paciencia histórica basada en la conducta ética. Esa misma paciencia perseverante que tuvieron los fundadores de nuestra patria y tantos hombres y mujeres que hicieron grande al país.

También esa narrativa de la paciencia histórica fue la de nuestros abuelos. En nuestras familias todos tenemos algún pariente que llegó desde lejos sin nada pero con sueños, dignidad y trabajo logró salir adelante. Esos abuelos analfabetos que tenían hijos doctores fue una Argentina real. Estas historias nos enseñan que ningún cambio verdadero es fácil.

Esa paciencia, fue la que tuvimos durante mucho tiempo, mientras algunos gozaban del robo generalizado. Con esa paciencia histórica, esperamos
estoicos, soportando burlas, deslegitimaciones y violencias, pero recordando las palabras de Lisandro de la Torre cuando decía: “Que risa, señores. Que divertida es la corrupción y que sonrientes los corruptos. Pero el día que suenen las campanas marcando el momento de la justicia, que siempre llega, ya los veremos a los corruptos golpeándose el pecho. Que risa que nos darán entonces los corruptos.” [3]

Por eso, nuestro partido está llamado, por coherencia fundacional, a asumir el sentido de la responsabilidad histórica. Somos el partido que asume los riesgos necesarios para servir a la patria. Somos un partido parresiasta. Elisa Carrió explica que la parresía es decir la verdad a costa de todo riesgo. Ser parresiasta no se trata de decir cualquier cosa, el parresiasta no es un charlatán. Implica hablar franco, con prudencia y discernimiento pero sabiendo que en la verdad se juega nuestra libertad.

Pero éste partido político no sólo ha dicho la verdad frente a todo riesgo. También debe ser reconocido por su gran aporte en construir el sentido profundo de Cambiemos. La Coalición Cívica ARI no sólo es usina de nuevas ideas, somos fuente de conducta, trayectorias intachables, legitimidad y autoridad moral.

La Coalición Cívica ha tenido estos cuatro años un rol fundamental en la lucha contra la impunidad de la corrupción y las mafias que hemos
expulsado del poder, pero también hemos levantado la voz para defender a Cambiemos y al presidente de los intentos de quienes no quieren que nada cambie. Somos una voz fuerte que le pone sentido ético y moral a las decisiones políticas, que antepone el humanismo, la verdad y la no violencia. Somos fieles hijos de aquel “Que se rompa, pero que no se doble”. Los cargos y los lugares de poder nunca han sido en sí mismos la meta a alcanzar dentro de éste partido. Hemos interpretado lo que significa la responsabilidad histórica de dar una respuesta a los grandes y delicados problemas de la nación. Por eso mientras cumplamos el mandato histórico que nos compete Cambiemos va a seguir existiendo, se consolidará y fortalecerá. Si tomamos atajos pragmáticos o apelamos a la conveniencia a cualquier precio habremos dejado de representar a ese pueblo que es fuente de nuestra legitimidad.

3. LIBERTAD E IGUALDAD EN NUESTRO FUTURO TIEMPOS DE REPÚBLICA, LIBERTAD E IGUALDAD. ES AHORA.

Ni con todos los recursos, ni con todo el poder se puede comprar la autoridad moral de nuestra historia y de nuestros dirigentes. Hace 25 años
Elisa Carrió, en una de las sesiones de la Convención Constituyente, se preguntaba “¿por qué somos peligrosos?”. Y hoy, casi un cuarto de siglo
después, seguimos siendo considerados peligrosos. ¿Cuál es el peligro? ¿Por qué nos temen? Nos temen por construir y compartir una comunidad
de principios; y esto es peligroso para los intereses corporativos de la política argentina, porque donde gobiernan principios no lo hacen los intereses concretos o particulares de los poderosos”.[4] La política como arte de volver a comenzar es el espíritu que anima a todo nuestro espacio a seguir trabajando por una nueva cultura. La política como arte de construir en la diversidad, de poner delante a los que menos tienen, de luchar contra las injusticias sociales y de no usar al otro. Las elecciones de 2019 no ponen en disputa sólo nombres propios, contraponen dos modelos y culturas políticas. No debemos confundirnos, no estamos frente a un dilema instrumental o de propuestas alternativas, en las próximas elecciones decidimos sobre valores en los que se juega nuestro futuro como Nación. El saqueo, la corrupción y la violencia del pasado contra la transparencia, la integridad y la verdad del presente. Sólo consolidando Cambiemos venceremos ese pasado que ha condenado a la Argentina por décadas.
Por eso hoy ratificamos nuestra pertenencia a Cambiemos como socios fundadores y manifestamos nuestro apoyo al Presidente de la Nación,
Mauricio Macri, para disputar las próximas elecciones presidenciales.

Somos una Nación que quiere ser distinta, que sueña con transformarse a sí misma, con ser más libre, con ser más justa, con ser más igualitaria.
Una Nación que ponga a la educación como política central del porvenir, como instrumento de la libertad, como fuerza igualadora de los puntos de
partida de cada uno de los ciudadanos. Una Nación donde no haya un sólo niño que no esté en la escuela, y no en cualquier escuela, en las mejores, las que nos preparen como ciudadanos del mundo, capaces de intervenirlo política, social, cultural y económicamente. Anhelamos vivir en un país desarrollado, integrado al mundo, transparente, en paz, con una educación de calidad, políticas de integración e igualdad constructoras de ciudadanía, con altos índices de desarrollo humano y reconocido como faro cultural del mundo. Tener una economía pujante, innovadora, con emprendedores y pymes prósperas, empresas exportadoras y una industria moderna. La esperanza de poder sacar a millones de hermanos de la pobreza es posible. El cambio en Argentina es posible, está ocurriendo, cuando se concrete estaremos orgullosos de camino recorrido y nuestra lucha histórica.

Esa república de iguales, ese sueño de mayo, ese antiguo juramento del que todos debemos ser dignos es, como dijo Jorge Luis Borges, una gloriosa carga que debemos salvar.

[1] Declaración Fundacional Adjunta de La Emilia – 2001.

[2] Declaración Fundacional Adjunta de La Emilia – 2001.

[3] Pronunciada en julio de 1935 cuando en el Senado se debatía la comercialización de las carnes.

[4] CONVENCIÓN CONSTITUYENTE 28ª Reunión – 3 ª Sesión (Cont.) 10/11 de agosto de 1994

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